EN CUALQUIER LUGAR DEL PALACIO 

HERODÍAS: ¿A dónde vas?

SALOMÉ: A pasear.

HERODÍAS: ¿A dónde?

SALOMÉ: Con mi amiga.

HERODÍAS: Vas muy mal vestida.

SALOMÉ: …

HERODÍAS: Mi ropa no te queda, te ves…. Se ve que no es tu talla, todavía no tienes el porte para usar esos vestidos.

SALOMÉ: No me importa tu opinión.

HERODÍAS: Demasiado perfume. Un olor muy fuerte para ti.

SALOMÉ: …

HERODÍAS: Parece que vas a la ópera. Pareces… nada de lo que llevas puesto está a tu altura.

SALOMÉ: …

HERODÍAS: Desagradable.

SALOMÉ: Así soy.

HERODÍAS: No te importan mis consejos.

SALOMÉ: Son críticas malintensionadas.

HERODÍAS: Entiendes mal.

SALOMÉ: Explícate mejor.

HERODÍAS: ¿Ya viste al profeta?

SALOMÉ: Sí.

HERODÍAS: ¿Cuándo?

SALOMÉ: ….

HERODÍAS: ¿Cuándo?

SALOMÉ: Un día de estos.

HERODÍAS: ¿Sólo un día?

SALOMÉ: ¿Qué te importa?

HERODÍAS: Yo hago las preguntas.

SALOMÉ: Yo respondo como quiero.

HERODÍAS: Malcriada.

SALOMÉ: Autoritaria.

HERODÍAS: El profeta no es un espectáculo. Y menos para… colegialas disfrazadas.

SALOMÉ: Tampoco para reinas.

HERODÍAS: Estas muy impertinente.

SALOMÉ: Estas muy agresiva.

HERODÍAS: No le hables así a tu madre.

SALOMÉ: No me hables así, que soy tu hija.

HERODÍAS: ¿Por qué ves al profeta?

SALOMÉ: ¿Por qué lo ves tú?

HERODÍAS: Mis razones no te importan.

SALOMÉ: A ti tampoco las mías.

HERODÍAS: Sí: eres mi hija.

SALOMÉ: Pero no te pertenezco.

HERODÍAS: Respétame.

SALOMÉ: Y tú a mi.

HERODÍAS: Es imposible hablar contigo.

SALOMÉ: Es imposible hablar contigo.

HERODÍAS: ….

SALOMÉ: Dilo. Di lo que piensas.

HERODÍAS: ¿Desde cuándo las hijas dan órdenes a las madres?

SALOMÉ: No es una orden: te leo el pensamiento.

HERODÍAS: ¿Qué pienso?

SALOMÉ: Piensas: niña repugnante.

HERODÍAS: ….

SALOMÉ: Yo también te odio.

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